Apostar por una pasión
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Apostar por una pasión: lo que aprendí viendo a mi hermano hacerlo

Apostar por una pasión no siempre se ve bonito al principio. A veces se ve como una locura, como una imprudencia o como una decisión tomada a la ligera y que nadie entiende.

Hay una escena que se repite en mi familia, y sospecho que en muchas familias también la han vivido: alguien decide dejarlo todo por algo que ama, y el resto del mundo se le viene encima a preguntarle si está loco por no hacer lo que todos esperan.

A mí me tocó vivirla en primera persona y luego verla en primera fila con uno de mis hermanos. Y ahora la estoy viendo otra vez, desde otro ángulo, con Sergio y su nueva tienda.

El chico que soñaba con ser entrenador

Esta es la historia de mi hermano que tenía veinte años cuando se fue a vivir a Cali, después de prestar el servicio militar obligatorio. Él se fue a vivir donde mis tíos, la misma casa donde yo había vivido antes cuando me fui del pueblo.

Empezó, como todos, con un trabajo “normal”, esta vez de camarero en un restaurante. Un trabajo normal, con plata fija, el tipo de trabajo que en cualquier familia se considera “lo correcto”, para empezar a hacer dinero y luego estudiar y hacer algo más, si se quiere.

Pero por los laditos, y como venía con el gusanillo desde casa, empezó a meterse en otra cosa: crear grupitos para jugar balonmano.

Empezó a entrenar, a formar sus propios clubes, a apasionarse de una manera que iba más allá de solo entrenar y jugar en equipos. Yo no le había visto con nada tan emocionado desde que salió del servicio militar. El quería apostar por una pasión, por esa pasión por el deporte que tenía desde pequeño.

Cuando hablaba de eso, no hablaba como quien tiene un hobby. Hablaba como quien ha encontrado lo suyo: “aquí hay mucho potencial”, “esto puede ser algo grande”.

Y entonces llegó el momento que cambia todo: dijo que iba a dejar el trabajo del restaurante para dedicarse cien por ciento al balonmano.

El drama que se armó (y la llamada que me tocó recibir)

No exagero si digo que se armó un drama familiar en toda regla.

Mi tía y mi tío no lo podían creer: ¿cómo se le ocurre desperdiciar su vida en algo que no da plata, en vez de quedarse con algo fijo? Que lo del balonmano lo hiciera los fines de semana, en su tiempo libre, como hobby. Que primero hay que tener estabilidad, y después ya se ve lo de los gustos.

Y ahí empieza la presión familiar, que se va poniendo pesada. Y siempre que esto pasa me llaman para “poner cordura” y hacer entrar en razón a la gente.

En ese entonces vivía ya en España. Y sí, yo era la loca que también lo había dado todo al apostar por una pasión, que era trabajar desde casa y vivir en el otro lado del mundo. Pero así y todo, fue a mí a la que llamaron para que hablara con mi hermano y lo hiciera “entrar en razón“.

Cuando apoyar también es una forma de creer

Lo llamé. Y en vez de convencerlo de nada, primero lo escuché.

Me contó que ya tenía un grupito de personas que le pagaban una mensualidad. Que había estado ahorrando desde que prestó servicio militar, antes de irse a Cali, y que con esos ahorros podía arrancar sin agobiarse durante los primeros meses.

Él tenía un plan, aunque fuera pequeño, tenía claro lo que iba a hacer, de dónde iba a sacar gente. Pero sobre todo, tenía algo que no se puede fingir: esa manera de hablar de lo suyo con los ojos brillando.

Y ahí decidí algo que después repetiría muchas veces en mi vida. Le dije: “si esto es lo que te apasiona, si aquí es donde sientes que brillas, entonces yo te apoyo. Punto.”

Yo sé lo que es vivir de tu pasión, hacer lo que te gusta y ganar dinero con ello. No es un camino fácil, sencillo, ni color rosa. Pero da mucha satisfacción y alegría. sí que desde luego lo iba a apoyar al 100% si lo veía decidido.

Luego me tocó hablar con mi familia y decirles que debíamos apoyarlo y dejar que lo intentara. Que si se estrellaba, se estrellaba, y haría otra cosa. Pero que no arruináramos su sueño, solo porque nosotros no lo entendíamos o nos parecía una tontería.

Dieciocho años después

Mi hermano tiene ahora treinta y siete años y sigue siendo entrenador de balonmano y tiene un club que es toda una familia. Lleva todos estos años dedicándose de lleno a esto. No fue un arranque de juventud que se le pasó: se sostuvo. Construyó algo que dura y ha llegado a ser segundo entrenador de la Selección Colombia femenina de balonmano, ahora entrena también en Voleibol y está feliz haciendo lo que le apasiona.

Eso es lo que casi nunca se cuenta cuando alguien decide apostar por su pasión. No la anécdota del salto, sino los años después, cuando el salto ya no es noticia y simplemente forma parte de tu vida.

Al final, Traviajar también va de esto: de tomar decisiones que no siempre encajan con la idea tradicional de estabilidad, pero que tienen sentido para la vida que quieres construir.

La misma historia, otra vez

Ahora veo algo parecido con Sergio y su proyecto de tienda física.

Muchas personas cercanas, con toda la buena intención del mundo, le cuestionan un poco no el negocio en sí, sino la cordura: “¿en serio te vas a dedicar a eso?“.

Y yo pienso lo mismo que pensé con mi hermano. ¿Y por qué no? Si es algo que lo apasiona de verdad, si se le nota cuando habla con la gente, si es algo que ha vivido desde que era niño… ¿Por qué tendría que quedarse solo en hobby?

No estoy en contra de la estabilidad. Ni en los trabajos “normales”, ni voy a decir que apostarlo todo por una pasión es fácil o que no da miedo. Da miedo. Cuesta. Hay meses buenos y meses en los que uno se pregunta en qué estaba pensando. Pero se puede. Y cuando funciona, funciona de una manera que ningún trabajo “seguro” te va a dar.

Apostar por una pasión no es garantía, pero sí una posibilidad

No creo que todas las pasiones se conviertan automáticamente en un negocio rentable.

Tampoco creo que haya que lanzarse sin mirar números, sin plan y sin red. Pero sí creo que hay momentos en los que una pasión merece al menos la oportunidad de ser tomada en serio.

Yo no puedo ser la que entrena a los chicos en el club de mi hermano, ni atender a los clientes en el negocio de Sergio. Pero sí puedo ser la que los apoye sin dudar y crea que los sueños y las pasiones pueden ser nuestro camino al éxito y el desarrollo personal.

Llámame ilusa, ingenuo o tonta, pero eso es lo que pienso.

¿A ti te ha tocado ser la persona que apoya, o la que tiene que convencer a la familia de que no está loca por perseguir lo suyo? Cuéntame tu historia, me encantaría leerla.

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