Viajando y trabajando en pareja
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Lecciones aprendidas viajando y trabajando en pareja

Pues bien, de relaciones de años es que te voy a hablar hoy en este artículo, y para ello te voy a contar un poco mi historia sentimental, para que entremos en contexto y así poder decirte las lecciones aprendidas viajando y trabajando en pareja.

Soy Diana, nací en el 80 y tuve una relación de más de 17 años con una pareja con la cual viajé más de 8 años de relación. Lo sé son unas cifras algo aterradoras, para la época que vivimos, sobre todo para una persona que respeta su individualidad y que nunca se vio compartiendo su vida con un chico por más de un fin de semana.

Sin embargo, la vida da muchas vueltas y un día, el menos pensado, te das cuenta que puedes compartir más que un fin de semana o un par de días al mes con una única persona.

Ese día, que no tenías planeado vivir, descubres que hay otro ser que más que invadir tu individualidad y tu espacio lo que hace es complementarlo y darle un significado diferente a palabras como: “pareja” “estar juntos” o “compromiso”.

No creo en las etiquetas: “novio”, “esposo”, “marido”, “pareja”, creo en lo que esa persona hace por ti cada día y lo que tú haces por ella. Creo en la conexión, en el complemento, en la libertad que se puede vivir, viviendo en compañía.

Porque vivir en pareja no es igual a renunciar a tu vida o dejar de ser quien eres. Vivir en pareja es complementarse.

Si no puedes vivir en pareja sanamente, respetando límites y dejando ser al otro, no quiero pensar lo que sería para ti viajar en pareja.

Lecciones aprendidas viajando y trabajando en pareja

A continuación te presento cinco lecciones que aprendí viajando y trabajando en pareja:

Respeto

El respeto es indispensable para que una relación funcione. Cuando viajas y trabajas al mismo tiempo con tu pareja esta palabra cobra un sentido diferente porque consiste en que aceptas sus rarezas y diferencias en contextos que no te hubieses imaginado vivir y en lugares que no son tu tierra.

Por ejemplo, mi ex era demasiado espiritual y cada que viajábamos y estábamos en un sitio nuevo: un parque, la playa, un templo, hasta en la muralla china o el Vaticano, él es de los que para un momento, medita y agradece al universo y al lugar por permitirnos estar allí.

Es muy bonito, es muy de él, pero yo lo hago de otra manera. Así que le doy su espacio y dejo que se tome su tiempo para hacerlo como a él le gusta, ya sea abrazando árboles, sentándose en medio de la plaza o estirando los brazos al cielo. Era su “rareza” y yo aceptaba eso en él y lo dejaba ser.

Si me ponía a acosarlo, a decirle que no hiciera eso porque “qué pena” o “qué dirán las personas”, estaría eliminando una parte de él preciosa, que disfruta y que lo hace tan único.

Pues bien, siempre he optado por respetar lo que mis parejas desean y les gusta hacer y dejarlos que sean como quieren ser, esperando que así mismo ellos respeten mis rarezas.

Porque en las relaciones tu recibes lo que das. Si das respeto, recibirás respeto a cambio.

Compromiso

Se requiere un gran compromiso para hacer que una relación realmente funcione a un nivel que vaya mucho más allá de pasar un buen momento en la cama o tener a alguien con quien ir a las reuniones de familia o amigos.

Tener una pareja comprometida es pasar al nivel de ser cómplices, amigos, amantes y sobre todo camaradas con un mismo ideal. El tener sueños similares hará que el compromiso se consolide, así sean muy diferentes.

Puede que a él le guste el surf y a ti te vaya más ver edificios y ciudades. Puede que él disfrute más de las películas de terror y tu las románticas o que él lea libros sobre guerra y tu sobre superación personal, que a ti te guste estar rodeada de amigos y a él estar en casa.

Eso no importa, las relaciones se construyen gracias a las diferencias que se tienen y se mantienen gracias a las bases en común que construyan para ambos.

El compromiso no es algo que se adquiere en las buenas, es algo que se vive en las malas.

Tampoco es algo que te lo da un Padre en una iglesia o un documento firmado que tengas en el armario. El compromiso es algo que se genera cuando hay la suficiente confianza y amor como para dejar que el otro sea libre de ser quien quiere ser.

Cuando me fui a vivir a España en el 2009, mi ex la pasó muy mal en su trabajo, dejarlo era un opción pero económicamente necesitábamos esa entrada. Durante una temporada estuvimos pensando qué hacer y cómo superar ese bache sin que eso nos llevara de regreso a Colombia, algo que no queríamos en ese momento.

Teníamos una meta clara y en común. Así que hablamos, estudiamos pros y contras y al final seguimos adelante con nuestra idea apostando todo en proyectos propios y en trabajar juntos desde casa. La presión no pudo con nuestra relación, porque las metas en común ayudan a que el compromiso se solidifique.

No te diré que fue sencillo, estábamos en una ciudad donde no teníamos amigos y solamente nos teníamos el uno al otro. Tuvimos que ceder en muchas cosas para que no termináramos agobiados trabajando juntos y en el lugar más alejado de la familia.

Lo mismo me pasa ahora con mi pareja actual. Lo bueno es que el tema del compromiso lo tengo bien arraigado y trabajado.

Comunicación

Tras muchos años de relación, puedo decirte que no todos los años son color de rosa, se tienen momentos, “deslices” e incluso algunas peleas. Pero nunca ha habido dudas, ni desconfianza.

Eso se debe a que siempre hablamos, de todo. De dudas, miedos, rabias, temores, proyectos, sueños, fantasías, pesadillas e incluso gustos hacia otras personas. Entre nosotros no hay secretos y todo lo podemos hablar y compartir.

Eso es algo que siempre busco en mis relaciones, tener una buena comunicación.

Sin embargo, debo decir que llegar a ese nivel de comunicación a mi me costó horrores. Los primeros, en mis relaciones pasadas me callaba todo lo que sentía, fuera amor o rabia por una situación o algo que la otra persona hacía. Pero con los años aprendí a expresar lo que pensaba y a decirlo sin rencor. Eso ha hecho que mis relaciones cada día sean más especiales.

Si no hubiese cambiado mi actitud frente a las situaciones que he vivido, no creo que hubiese durado tanto con mi ex, ni con mi pareja actual, o tal vez sí, pero no en armonía. Porque cuando una persona se calla todo lo que siente o piensa no está haciendo un bien a su relación, lo que hace es fomentar las dudas, la incertidumbre y sobre todo el “suponer”, algo que con el tiempo deteriora cualquier relación.

Recuerdo que no siempre fue fácil para mi esto de hablar, de hecho, terminé muchas relaciones porque no era capaz de decir lo que pensaba o sentida. Pero hoy en día es algo natural en mi hablarlo hasta cuando lo pienso, cuando pasa e incluso puede que no haya ocurrido la situación, si vi algo en otras relaciones le comento lo que pienso y siento sobre eso.

Lo hablamos todo, la verdad. No hay secretos entre nosotros y las mentiras y la desconfianza no conviven en nuestra relación.

No con esto quiero decir que yo lo sé todo de mi pareja y él lo sabe todo de mi. Para nada. Simplemente hay confianza y comunicación y cuando eso existe en una relación no hay tema tabú y siempre podrás hablar de lo que sea con esa persona cuando la situación lo requiera.

No dependencia

Amar es maravilloso. Amar sin apegos es aún mejor. Por ello es importante no ser dependiente de tu pareja en ningún sentido. Ni económico, laboral y mucho menos emocional.

Es genial vivir y trabajar con tu pareja pero no depender de él para todo porque cuando pierdes tu individualidad pierdes una gran parte de ti que te hace dependiente de esa persona y que luego te cuesta dejar cuando te hace daño.

Hubo un tiempo en mi relación anterior, en que yo era completamente dependiente de mi pareja. Mis amigos eran sus amigos, todo el tiempo estábamos juntos. Un día él decidió irse a vivir al Reino Unido porque estaba cansado de la situación que estaba viviendo en Colombia.

Recuerdo que sentí mucha tristeza cuando él decidió irse, pero lo apoyé hasta el último momento. Quise terminar la relación inmediatamente, pero él quería que lo intentáramos a pesar de la distancia, porque iba a ser algo temporal.

Debo decirte que esos meses la pasé realmente mal, porque me di cuenta que él era el centro de mi vida.

Era una mujer dependiente de mi pareja para todo. Para salir, para divertirme y hasta para estudiar. Fueron siete meses difíciles donde armar nuevamente la confianza en mi me costó un montón, pero al final lo logré y cuando el volvió yo era otra persona.

Me volví más segura, confiada y sobre todo independiente. Nunca más él, ni otra pareja, ha vuelto a ser el centro de mi vida. Serán siempre una parte importante, pero el centro de mi vida soy yo y siempre seré lo más, más importante en ella.

Si mi pareja actual, por ejemplo se va creo que sobreviviré, me pondré triste claro, pero no me desarmaré como en esa ocasión hace tantos años, porque hoy he aprendido a amarme más, a aceptarme y sobre todo entendí que un hombre no es mi felicidad. Hace mi vida feliz, pero no lo necesito para sentirme completa.

Con todo esto no quiero que imagines que he tenido puras relaciones perfectas. No las tengo. Tengo relaciones muy comunes. Una donde no hay peleas, malos entendidos o discusiones gracias a que hay comunicación, respeto, confianza, compromiso y nada de apegos.

No estamos de acuerdo en muchas cosas, pero tenemos una meta en común. Queremos lo mismo y eso hace que nuestra relación vaya bien. Además, nos damos detalles todos los días, no físicos, porque esos no hacen parte de nuestro repertorio, nosotros nos damos regalos que valen.

Nos abrazamos y besamos todos los días. Nos consentimos cuando estamos mal, nos arrunchamos a ver una peli al menos una vez a la semana. Dormimos acurrucados y por la mañana siempre, siempre nos abrazamos unos segundos y nos decimos cuán feliz estamos de despertar uno al lado del otro.

Las relaciones no tienen que ser perfectas, pero tú puedes tener la relación perfecta si realmente lo quieres.

Así que te invito a que te abras a la posibilidad de estar en pareja, porque estarlo no es igual a perder tu individualidad, a dejar de ser tu misma.

Sé autentica y aprende a amar y aceptar las diferencias del otro.

Viajar y trabajar en pareja no es sencillo, el estrés que puedes vivir durante el viaje puede hacer que quieras tirar la toalla en cualquier momento. Por ello es importante la confianza, la comunicación y la honestidad.

Si quieres realmente disfrutar de tu relación, de tu pareja y de tu nueva experiencia viajando y trabajando al tiempo, mi recomendación es que aprendas a dar espacio. Deja de ser dependiente, no hagas todo con tu pareja, déjale ser y hacer lo que quieras e intenta tu misma tomarte tiempos libres para estar sola o conocer a otras personas sin él.

Lograrás crear un equilibrio en tu relación que hará que disfrutes de trabajar en casa, de estar con tu pareja las 24 horas del día en lugares remotos del mundo. Crearás un nuevo lenguaje de comunicación y entendimiento y eso con los años hará que sea todo más autentico para ambos.

Lamentablemente no tengo la fórmula mágica de la relación perfecta, yo aún sigo trabajando en ella, todos los días.

Ahora cuéntame ¿Has viajado con tu pareja? Trabajas y viajas con tu pareja ¿Qué tal la experiencia?

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